y una noche obscura, lo que hacen los celos…" Nadie sabe realmente lo que ocurriera, ya que no hubo testigos de ese crimen de abominación.
Un día, cuando la alborada asomó, Niko apareció muerto en medio de un pozo de su sangre. Sus ojos habían sido enucleados y sus testículos extirpados. Ni se encontró el arma con la que el crimen se perpetrara, ni nadie admitió responsabilidad por el mismo. Sus compañeros de alojo, quienes a él resentían, afectaban una maliciosa indiferencia absoluta.
Este fue evento bizarro, que horrorizó a todos quienes regularmente frecuentaban el jardín zoológico de Ámsterdam… porque era éste el preciso lugar en donde moraba Niko, el desventurado chimpancé.
Richard Dawkins, Robert Wright, Jared Diamond y muchos otros destacados antropólogos nos instruyen, con sus entendimientos penetrantes, acerca de la capacidad sorprendente que poseen muchas especies para destruir miembros de su mismo género. En otras palabras, para asesinar. Tal cual, habitualmente, lo hace nuestro propio género, H. Sapiens sapiens.
describe, lo que puede que sea una de las razones por la que tantos actos de crueldad ocurran en la Naturaleza: "… [Él dice que es] para garantizar la propagación exitosa de los genes… [de una especie]."
El ser humano, habiendo conquistado la actividad sexual con fines de supervivencia (como lo ha hecho también con la comida y con la bebida) hoy se dedica (cual lo hacen otros simios) a practicar el sexo con objetivos primordialmente placenteros o hedonistas.
Del mismo modo, el ser humano, como parece que sea el caso con algunas otras especies, trata de impresionar a la hembra codiciada con expresiones ostensibles de poder, inteligencia, tenacidad, solvencia y reputación. Virtudes las cuales pueden concisamente ser traducidas en la posesión de riquezas.
En los Estados Unidos, nación que se destaca por sus excesos en muchas áreas, el sueño de todo muchacho joven, habitante de los barrios pobres, nido de los prejuicios raciales y sede del rechazo social, es el de resaltar en los deportes para así lograr la posesión de fortunas inmensas. De ese mismo país también es oriunda la paradoja, de que entre los seres más renombrados estén los atletas, quienes también resultan siendo las personas con la menor educación.
Generalmente, el atleta norteamericano, usualmente de origen africano (de donde se sabe todos procediéramos), procura adquirir tantas mujeres blancas como pueda lograr seducir… para… ¿qué más?… para propagar sus genes, y para validar su ego.


Pero en esta situación hay un detalle peculiar y problemático; detalle el cual reside en la esencia de la siguiente interrogación (la cual carece de respuesta satisfactoria): "¿Si yo no fuera quien yo soy, y, si yo no tuviera tanto dinero… tú, como mujer, te asociarías conmigo?…" (Quizás sí… quizás no…)
El imperativo animal en Norteamérica está supeditado a las fuerzas abrumadoras de los prejuicios raciales de una nación la cual está irremisiblemente fraccionada y socialmente polarizada. Por esa misma causa, no toma mucho tiempo para que el atleta descubra que sus "hembras" (mujeres blancas, en la mayoría de los casos), no desean precisamente la recepción de sus genes, si no que lo que ansían, en lugar de éstos, es lograr un acceso ilimitado a sus cuentas bancarias. Esto, al atleta, consecuentemente, le menoscaba la autoestima y desencadena tendencias primitivas, que en círculos freudianos se conocen como la expresión de la "rabia narcisista" ("narcissistic rage").
El atleta, o el político, cuyos logros físicos, pecuniarios y de publicidad, han sobrepasado, en exceso, sus alcances culturales e intelectuales; trata de disminuir el trauma penoso a su ego; que les ocasiona su falta de educación, de abolengo y de oportunidades culturales; engañándose a sí mismo con la falsa creencia de que él está dotado con atributos de omnipotencia, confiando de ese modo que todo (no importa cuan descabellado sea) lo que haga, le saldrá bien.
Sin embargo, los resentimientos engendrados (¿ven?… el gen otra vez) por la evidencia ostensible y amarga de las ventajas que el usufructo injusto de sus éxitos han proporcionado a cualquier mujer (a quien él crea desleal) pueden guiarlo a cometer crímenes de punición. Esto, se entiende en círculos darvinistas, que él lo hace para proteger "la transmisión exitosa de sus genes"… ¡Cosa triste! …
Y eso puede que así sea… por lo menos, en algunos casos… ¿Puede alguien recordar alguno?

En resumen

Los celos pueden ser otra expresión de las presiones sociales bajo las cuales todos vivimos, asimismo pueden ser manifestaciones de psicopatologías paranoicas severas, como pueden ser trastornos orgánico-funcionales, como pueden ser tendencias genéticas o aprendidas del entorno.
Quizás ser un poquito celoso es gracioso --- pero los celos excesivos son problema serio…
Ahora, consideremos el otro lado de la misma moneda

Amor y odio, pasiones poco entendidas

Dr. Félix E. F. Larocca
En una previa ponencia: Amor y celos, discutimos esa pasión tan responsable por tantas miserias humanas. Aquí añadimos el elemento del odio… Otra de nuestras pasiones intensas.
Todo lo que nos acontece y todo a lo que respondemos son parte de nuestro legado genético, hormonal, sexual. Todo.
No podemos concebir que un evento tan natural como lo es parir, pueda existir sin que un concierto de hormonas acompañadas de neurotransmisores lo controle y lo hagan posible.
No olviden revisar las lecciones que nos explican los efectos neuroquímicos de ciertas hormonas --- de la oxitocina en especial.
Una mujer sin gordura, perfectamente feliz con los contornos de su anatomía. Orgullosa del impacto que su cuerpo y sus proyecciones sensuales hace a ambos sexos, decide que para ser exitosa no debe engordar, renunciando a los dulces --- ¿está loca?


NO. Por supuesto que no lo está. La gordura y el azúcar son enemigos del sexo. (Véase la lección de este mismo título).
Bueno, entonces, ¿son el amor y los odios anormales?
NO. No, porque a veces se confunden entre sí. Esto sucede porque el amor y los odios son caras de la misma moneda.
Como son caras de la misma moneda la gordura y la belleza